“El carácter se forma en el torrente del mundo”

Goethe

 

Para comenzar, imaginemos que en una ocasión los gobernantes de una antigua comunidad seleccionaron rigurosamente a un grupo de individuos para un estudio de la personalidad, en cuyo caso, debían aislarse por largos periodos de tiempo del resto de sus conciudadanos. Al concluir el estudio y reintegrar a los sujetos, entre los que había individuos de diversas clases sociales, razas y religiones. ¿Se podría determinar que el aislamiento los había devuelto a un estado primitivo o muy cerca de este?, o que en algunos individuos se evidenció la pérdida del lenguaje y en todo caso, la violencia  emanó como respuesta a las interacciones con los demás. Quizá no podríamos deducirlo, pero en todo caso evidenciamos que los individuos que se relacionan como parte vibrante de una comunidad tienen ventajas en el desarrollo de la personalidad, teniendo presente que la planificación de la misma sería un absurdo.

Siendo así, vemos que las relaciones interpersonales son una, sino la única, manera de que la personalidad se desarrolle y se despliegue con la fuerza que ha de hacerlo. En la medida en que nos relacionamos con el otro, esas fuerzas interiores que componen la personalidad y que están en choques continuos, irán tomando la forma que caracterizarán al individuo, desde la crianza y en las relaciones de la escuela luego, para insertarse finalmente como un miembro fiel y digno de la comunidad general a la que pertenece.

En ese sentido, el plan personal de desarrollo que cada alumno establece, debe estar en consonancia con esas relaciones interpersonales que son las que, por medio de las conductas, manifiestan las fuerzas interiores de cada uno. El objetivo de los maestros debe ser propiciar unos espacios y unas redes de interacción social, donde esas fuerzas se han de manifestar y con las que se busca que el individuo se posecione de sí mismo, como resultado de la confrontación.

En esta vía, los maestros que se propongan hacer una observación detallada de las conductas de sus alumnos para hacerse una idea más o menos clara de su personalidad, deben tener en cuenta que el ser humano tiene una historia que lo caracteriza y que es primordial conocerla y entenderla, no para saber que se puede hacer de esos alumnos en el futuro, sino para comprender mejor las conductas de los mismos. Es como dice el psicoanálisis; «conocemos en el adulto el niño que fue», y si es un adolescente, se conoce el que fue hace cinco años y siempre estarán presentes manifestaciones internas que darán muestra plausible de su carácter.

En este punto es donde convergen la ética y la moralidad, ya que en la medida en que la comunidad eleve la moralidad, más se fortalecerá y es de esta forma en que esas fuerzas interiores de la personalidad de cada uno podrán encontrar la vía para salir a flote y  así favorecer a cada uno de los individuos en el cultivo de sus ideales.

Finalmente, es de esperar que un estudio más detallado del asunto arrojaría además interrogantes que bien podrían servir como tema para investigaciones particulares en el caso del Gimnasio Internacional de Medellín, preguntas tales como; ¿En qué medida los espacios de interacción del colegio favorecen el desarrollo de la personalidad? ¿Es posible que la formación del carácter de los gimnnasianos si repercuta de forma positiva en las esferas sociales de la ciudad?