{jcomments on}Libertad y Orden

 

1. «Hay fórmulas hasta para describir la espiral de una caracola»

El ejercicio matemático se asemeja más a la labor ancestral de la predicción y el vaticinio, Mi difunta abuela se burló siempre del pronóstico del tiempo, porque sólo basta mirar el cielo para augurar las lluvias. Sin embargo, el imaginario colectivo a propósito de las matemáticas, se inclina por hacerlas ver como una actividad rigurosa que no da cabida a la intuición, la observación y la clarividencia; y por el contrario, las admiten (o más bien rechazan) como acción de alto rigor sin algún fundamento de realidad.

 

Hace pocos días estuve bastante cerca de la felicidad, la felicidad que toca a la puerta cuando se descubre algo que pasa desapercibido a los ojos de todos, pero que adquiere un sentido especial cuando se nota algo menos evidente. Lo que sigue, es que ahora existe una complicidad pícara entre el objeto y el observador, hay un nuevo lenguaje que nos acerca mas íntimamente como consecuencia del  descubrimiento del código con el que tengo acceso a sus secretos.

 

Llenando los formatos que cualquier ciudadano debe hacer para existir como tal, requerí un número de cédula y proseguí a informarme. Cuando lo obtengo no puedo dejar de mirarlo, éste quería decirme algo, y lo hizo. El número era 43. 343.343.

 

No tengo buena memoria, pero para agilizar procedimientos aritméticos, cualquier profesor de matemáticas aprende que 11 x 11 = 121, que 12 x 12 = 144, que 125 x 5 es 625 y que 73 = 343. Hasta ese momento sólo había visto que esa potencia aparecía dos veces en ese número de cédula, pero intuía que ahí no terminaba todo. Esta parte es muy bonita porque si sumamos la base y el exponente 7 + 3 obtenemos 10, y además la suma de las cifras 3 + 4 + 3 también es 10. Luego, procedí a sumar las cifras de número de cédula y me encontré que 4+3+3+4+3+3+4+3=27, número que termina siendo divisible por 3, que es el exponente de nuestra ya mencionada primera coincidencia, y al sumar 2 + 7 = 9, y pasa que 9 x 3 = 27, que es el mismo valor de la suma de las cifras (este es el conocido criterio de divisibilidad por 3, que nunca hasta ahora había entendido). Al hacer la descomposición factorial de 27, encuentro que sus factores primos son 3 x 3 x 3, y que si sumo estas cifras el resultado es 9, que  también es múltiplo de 3 y que es factor con 3 para obtener el mismo 27. Mi relación con ese número de cédula se estrechó bastante por lo que quise conocerlo más a fondo, hasta encontrarme además con lo siguiente: el número tiene 8 cifras, donde el 4 aparece 3 veces y el 3 aparece 5 veces (43343343). El producto de 4 x 3 = 12, y el producto de 3 x 5 = 15, de donde 12 y 15, ya sabemos, son ambos divisibles por 3; pero lo que mas asombra es que 12 + 15 = 27. Como sospeché que el número de cédula de Blanca Giraldo desestabilizaría mi salud mental, decidí abandonarlo sin conocerlo a fondo.

 

Hay otras observaciones menos fáciles de ver, o tal vez más universales. Las proporciones que en el universo y en el arte abundan con relación al número de oro http://es.wikipedia.org/wiki/N%C3%BAmero_%C3%A1ureo, desbordan la infinidad de coincidencias que el matemático puede ver. Los códigos del libro de la naturaleza los puede leer quién atienda las señales que las cosas envían, quien emprenda la búsqueda de regularidades y patrones que coquetean sin descanso con la vida del hombre, y quien pueda y quiera dedicarse a esas prácticas que bien podrían llamarse ocultas.

 

 

Ya sabemos de disposición del espacio, de las proporciones de la naturaleza y de las artes ocultas del matemático, que también es un «chismoso» del mundo.

 

 

 

Sin embargo, más allá de la comprensión y de la lectura de lo que en principio puede ser aleatorio, digamos  por ejemplo, el estado del universo antes del Big-bang; el matemático se ocupará de predecir lo que pasará. En el proceso de descubrimiento debió dudar de entrada de la irrelevancia del objeto de su análisis, se concentró entonces en las señales y una vez tuvo el código de acceso intimó con su nuevo amigo. Sin embargo, llegará siempre el momento de establecer una ley en la que dilata el acceso, y hace de conocimiento general su descubrimiento. Establecer una ley, significa firmar la orden de entrada pública, determinar que sin duda, el acceso a su objeto particular es el mismo que a un conjunto grande, el de todos sus casos. Hay que entender de todos modos, que la regularidad que el matemático pudo establecer obedeció a un comportamiento específico de su objeto de estudio, al orden que presentaron los mismos.

 

3. Libertad y orden

 

orden.

(Del lat. ordo, -ĭnis).

5. amb. Cada una de las filas de granos que forman la espiga.

 

Ya sabemos que las cosas están liberadas de aleatoriedad. En sí mismas, todas tienen una función particular de acuerdo al lugar que ocupan, no es el azar quien las determina y por quien se ordenan. Cada una de las posiciones, como ocurre entre los jugadores de un equipo de fútbol, es estratégica, y una posición adelantada determina el fracaso de una jugada que haya sido planeada. Allí esa ley no se cumplió por la ubicación de una de sus fichas. El ordenamiento de cada uno de los granos de la espiga, le da identidad a la espiga misma. Si cada grano está en su lugar, el matemático establece la ley que servirá para sus augurios. La clave es que «todo esté en su lugar»

 

orden.

(Del lat. ordo, -ĭnis).

1. amb. Colocación de las cosas en el lugar que les corresponde

Viviana Márquez

Lección de la Experiencia, 17 de agosto de 2011